Planeta Vivo desde la Antártica, Febrero 2003.

Planeta Vivo desde la Antártica, Febrero 2003.

Reporte 3.
No fue sino hasta el desarrollo del siglo XX que el continente antártico fue conocido en su magnitud, contorno y ubicación exacta gracias a los adelantos de la ciencia naval, terrestre y aérea. Antes bien, la míticamente denominada Terra Australis, permanecía celosamente escondida, desconocida, oscurecida y desfigurada bajo la cetrina y vacilante luz arrojada por los relatos y referencias vagas y, a veces, fantasiosas, entregadas por los osados navegantes que se aventuraron por estos mares del fin del mundo.
(Ref.: "La Imagen cartográfica de la Tierra Austral". Jorge Berguño  Barnes. Boletín Antártico Chileno, Vol. 21 No 2, Nov. 2002).
En la actualidad, explorando tímidamente su soberbia extensión, el también llamado sexto continente, es ampliamente estudiado por numerosas naciones que intentan develar la infinidad de sus misterios. Con un espesor de hasta 4 Km en su zona más masiva, y duplicando su superficie durante el invierno polar, el peso del hielo antártico llega a deformar la superficie de la corteza terrestre que lo sostiene. Un poco más al norte del extremo oeste de la Península Antártica, tan sólo en la antesala del polo sur, Planeta Vivo revela en imágenes la riqueza de la biodiversidad de estas tierras. Desde Isla Ardley, conectados periódicamente a través de un istmo con la región sudeste de la Isla Rey Jorge, continuamos nuestro viaje austral de exploración.

La Isla Ardley se encuentra ubicada en los 62º13' S y 58º56' W. Dependiendo de las fluctuaciones diarias de la marea, es posible cruzar a pie desde el sector sudeste de la Isla Rey Jorge, lugar donde se reúne una gran cantidad de bases de investigación científica de diferentes países cuya actividad se enmarca dentro del tratado antártico internacional. Después de unas cuantas horas de ventisca y nieve la Isla Ardley de ve matizada de blanco, más allá del istmo que la conecta y que ya comienza a cerrarse.

La Laguna Ripamonti,ubicada a 700 metros del istmo, es de una belleza particular. Durante el invierno congelada, ahora en verano destella con una frescura glacial. En su ribera oeste, para nuestra sorpresa, resulta común ver a las skúas tomando su baño matinal. Entre zambullidas y aleteos estas multifacéticas aves nos muestran que las bajas temperaturas no son tan extremas para quienes están acostumbradas a deambular por estos fríos aires de viento circumpolar.

La fisonomía del lado oeste de Isla Ardley difiere grandemente de aquella que presenta su extremo oriental. La mayor parte de la biodiversidad animal se concentra en este último sector, principalmente porque las colonias de pingüinos parecen preferir aquellos lugares más próximos a sus fuentes de alimento. Sólo algunas skúas y una solitaria pareja de petreles gigantes han preferido ocupar el sector más desolado de la isla. Sólo alteradopor el viento y el crujido de los hielos al desprenderse, la cara occidental de la isla presenta un ambiente de silencio reverente y sobrecogedor.

A pesar que el verano se encuentra en toda su magnitud ahora en pleno mes de enero en las Shetland del Sur, en algunos lugares de Ardley aún se conservan grandes extensiones de nieve que permanecen estoicamente resistiendo ante la implacable radiación solar de los días despejados. De vez en cuando, con mucha menos frecuencia que en años anteriores, una ventisca de nieve prolonga lentamente la vida de estas lenguas de cristal que esperan sobrevivir hasta el invierno que se aproxima.
En el otro extremo de la isla, a casi 50 metros de altura sobre el nivel del mar, una colonia de pingüinos Papua casi llega a la mitad de su estación reproductiva. En unas semanas más los polluelos serán lo suficientemente independientes y estarán adecuadamente alimentados como para que puedan resistir la ausencia de sus dos progenitores. El tamaño alcanzado por las crías, casi al cumplir un mes de edad, hace imposible para los padres continuar su alimentación de manera alternada. Ahora, ambos deberán abandonar el nido e ir al mar en busca de alimento.
Antes protegidos por la presencia de sus padres, ahora los polluelos dependen de sus pares para hacer frente al frío, al viento y a la aparición de predadores. Ante la ausencia de los adultos, los pollos espontáneamente se agrupan y juntos esperan la llegada de sus respectivos proveedores de alimento. Uno o dos adultos comparten la tarea de permanecer junto a los infantes, siendo de particular importancia a la hora de enfrentar a predadores oportunistas como gaviotas y skúas que en este periodo, están al acecho de las atiborradas "guarderías".
Un par de skúas anuncia ruidosamente su presencia ante nuestra cercanía a su territorio. Han estado patrullando continuamente las colonias de pingüinos con el fin de recolectar el alimento que necesitan para alimentar a sus polluelos y regularmente vuelven a sobrevolar su área de crianza, asegurándose que todo esté en orden. En esta época los polluelos aun no son lo suficientemente grandes como para volar, pero sí son capaces de esconderse furtivamente entre las rocas y la vegetación rastrera, de manera de pasar casi desapercibidos.

Curiosamente este año la población de skúas no ha sido tan exitosa como en años anteriores. A pesar de esto los pollos de esta temporada se ven saludables y están creciendo con celeridad. Una vez a la semana su desarrollo es monitoreado para determinar su curva de crecimiento y comparar su progreso con el de otras parejas de skúa. Junto con registrar su peso, se les mide la longitud del ala, del pico y patas. Un procedimiento que tal vez no sea de su total agrado pero que brinda valiosa información para su estudio y conservación.

Para los investigadores, la tarea de recopilar los datos a veces no es una labor fácil, en particular cuando se trabaja con aves que naturalmente son agresivas y que defienden celosamente el bienestar de sus crías y la integridad de su territorio. Parte del precio que hay que pagar por obtener la información requerida para dar cuenta de la historia de los animales es tener que lidiar con la naturaleza de los mismos. Con las skúas en particular, el estudio puede ser hasta peligroso, una y otra vez los padres se abalanzan en picada y ante cualquier descuido propinan dolorosos picotazos en la cabeza de quienes se han aproximado a sus polluelos.
A pesar de lo avanzada de la temporada, todavía algunos pingüinos papúa crían a sus polluelos recién nacidos. Fueron los últimos en poner sus huevos y serán los últimos en abandonar la colonia. Mientras que la mayoría de sus contemporáneos ya está sumándose a las guarderías, este pequeño tendrá que esperar todavía casi un mes para explorar los alrededores de su nido. Por lo pronto, cuenta con unos solícitos padres que se encargarán de él durante el periodo más crítico de su desarrollo. Deberán pasar 20 días más para que el polluelo sea térmicamente independiente y pueda resistir por sí solo los rigores del frío polar.
Con casi cumplidos los 21 días de edad, estos hermanos lucen muy bien alimentados. Cerca del 70% de las parejas de pingüino papúa, consigue eclosionar exitosamente al menos un pollo. A pesar que la diferencia en la oviposición puede ser de entre 3 y 5 días, los huevos eclosionan el mismo día o con un día diferencia. Desde este momento los pollos son constantemente alimentados por sus padres quienes realizan turnos de cuidado y alimentación, alternados con viajes de forrajeo al mar. Su principal fuente de alimento es el krill. Para Pygoscelis papua los turnos de alimentación de los padres se suceden aproximadamente cada 12 horas.
La captura del krill es una de las actividades que más consume energía para los gaviotines antárticos. Sobrevolando casi a ras de la superficie del mar, describen círculos subiendo y bajando hasta recoger el tan preciado alimento. El pequeño crustáceo que esta ave transporta en su pico, es el principal recurso alimenticio que se encuentra alrededor del continente antártico. Su abundancia y alto valor nutritivo sostiene una gran cadena alimenticia que termina tempranamente una vez que los predadores terminales consumen a sus presas.
Para Chile se describen 16 especies de gaviotines. Tienen el cuerpo esbelto y sus largas alas terminan en punta. Su cola es ahorquillada y sus patas son cortas. Se alimentan principalmente de pequeños peces y de crustáceos, aunque también comen insectos. El gaviotín antártico (Sterna vittata) tiene el lomo blanco, la frente, corona y nuca negras. El pico color bermellón y las patas rojo anaranjadas. Su cola es muy ahorquillada y casi completamente blanca, lo que permite diferenciarlo del Gaviotín ártico (Sterna paradisaea), cuyas plumas externas de la horquilla de la cola son grises.
(Ref.: Araya, B. & Millie, G., "Guía de campo de las aves de Chile". Ed. Universitaria, 1989)
A pesar de su nombre, la paloma antártica (Chionis alba) no está emparentada con las palomas comunes, pero se denominan de esta manera por su parecido superficial. Es un poco más grande que la paloma común y su plumaje es enteramente blanco. Sus patas y pico son cortos y fuertes ya que los usa para sujetar y desgarrar su alimento. Es omnívora y se alimenta de peces pequeños, crustáceos, moluscos, huevos, polluelos de ave, algas, líquenes, carroña y fecas. Aunque no anida en isla Ardley es posible observarla casualmente merodeando por sus costas.
Después de los albatros, que son las aves marinas de mayor tamaño y que pueden alcanzar hasta los tres y medio metros de envergadura, los petreles gigantes, Macronectes giganteus, le siguen en magnitud, llegando a medir 2,22 metros, de punta a punta de sus alas. Su enorme tamaño les quita un poco de gracilidad al despegue, pero una vez en vuelo su presencia es magnífica. Como enormes planeadores remontan altura usando las corrientes de aire y se desplazan grandes distancias sin esfuerzo aparente. Antes de aterrizar levantan su torso frenando suavemente el vuelo, bajan sus patas y con un par de aleteos se posan en tierra.
La vida de los petreles gigantes es totalmente pelágica, es decir, pasan la mayor parte del tiempo en el mar y sólo vuelven a tierra para anidar. Ponen un solo huevo de color blanco y suelen establecer sus nidos en lugares bastante aislados. En general son aves bastante tímidas y se perturban fácilmente con la presencia de extraños o con la actividad de las colonias humanas que se establecen cerca. En isla Ardley su población es escasa y se están haciendo los esfuerzos necesarios para conservar los sitios de nidificación de esta espléndida ave en este lugar.
Este grupo de curiosos elefantes marinos (Mirounga leonina) nos observa a la distancia muy atentos a nuestros movimientos de aproximación. A diferencia de la foca de Weddell, éstos son bastante menos complacientes y demuestran su posesión territorial ante la cercanía excesiva de algún extraño. En etapa subadulta los machos carecen de la protuberancia nasal que caracteriza a este grupo de mamíferos marinos. Las hembras que aun no forman parte de un harem reproductivo suelen descansar en compañía de sus pares o de algún macho no territorial.
El modo de vida acuático de los mamíferos marinos los ha llevado a modificar su estructura corporal y fisiológica de manera extrema. Es difícil imaginar que el antepasado terrestre más cercano para fócidos(focas y elefantes marinos) y para otáridos (lobos y leones marinos),hayan sido animales parecidos a osos o perros. Hoy en día, las nutrias de mar son el recuerdo más cercano que podemos tener de la forma intermedia y anfibia de los antepasados semiacuáticos y semiterrestres que dieron origen a este grupo de mamíferos marinos.
Obligados a volver a tierra firme o hielo para su reproducción, todos los pinnípedos (focas, elefantes marinos, lobos marinos, leones marinos y morsas) conforman sistemas de apareamiento cuya estructura social queda definida por el sitio específico que escogen para reproducirse y criar. Las focas, por ejemplo, prefieren el hielo, mientras que lobos y leones marinos gustan de las playas de roca o arena. Esta foca de Weddell(Leptonychotes weddelli) descansa tranquilamente lejos de sus áreas más preferidas de apareo. Sus aletas anteriores son pequeñas y apenas alcanzan a rasgar la superficie del suelo con sus uñas. En caso de apuro usan esta estrategia para acelerar su marcha, en caso contrario prefieren resbalar suavemente por el hielo o la nieve.
La estructura corporal de los lobos y leones marinos es más apropiada para el rápido desplazamiento en tierra. Sus extremidades anteriores son largas y les permiten descansar sobre su cintura pectoral caminando en sus cuatro extremidades o incluso corriendo al galope. También es posible diferenciarlos de las focas porque sus orejas son visibles como pequeños conos carnosos que sobresalen un poco más atrás y debajo de sus ojos. El lobo fino antártico o Arctocephalus gazella, es un visitante regular de estas islas y su dinámica reproductiva ha sido estudiada largamente en islas de más al sur.
La imponente quietud milenaria de los glaciares es continuamente interrumpida por los desprendimientos de hielo del límite que se encuentra con el mar. Antes de llegar a su destino, el glaciar se agrieta y desmembra, se deforma y separa, lenta pero constantemente. El crujido de sus moribundos hielos atávicos es sobrecogedor. Un poco más al este de Bahía Fildes, lugar donde se asienta la Base Escudero del Instituto Antártico Chileno (INACH), se levanta el Glaciar Collins. Casi imperturbable por el paso de los años y las estaciones, sólo su borde costero nos recuerda que aun las inmensas moles de extensos hielos ancestrales, finalmente terminan por ceden al paso del tiempo y a la vejez.



Hernán A. Díaz M. (Ms.Cs.)

© 2003 Planeta Vivo

gracias por su información

Dn. Hernán
gracias por su correo, es de mucha ayuda y orientación para quienes vivimos en zona desértica (II región, Calama)
Además felicitaciones por su trabajo.
Miriam.

Posted by Miriam Rojas Avalos on Mié, 04/05/2006 - 23:02
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