Turismo Antártico

Turismo Antártico

Un explosivo crecimiento ha tenido durante los últimos años el turismo antártico. Liderado por empresas extranjeras, los viajes al continente helado se hacen cada vez más frecuentes y los turistas, en su mayoría europeos, norteamericanos y orientales, completan las capacidades de enormes barcos-hoteles que transportan a los visitantes en un viaje por mares agitados y paisajes de leyenda congelados en el tiempo.

Sin duda la experiencia para estos visitantes vale la pena para gastar entre US$ 6.000 y US$12.000 por persona. Los viajes duran entre 15 a 20 días por estos mares del fin del mundo. Pero este tipo de turismo de intereses especiales comienza a sentar nuevas bases conceptuales para las empresas turísticas tradicionales, acostumbradas a tratar con un turismo que es menos especializado.

Por lo que a las grandes empresas respecta, ellos están muy preocupados por la seguridad, en especial para este tipo de viajes donde la logística de rescate es muy compleja y peligrosa en los mares antárticos. La salud de los pasajeros puede tornarse frágil en especial cuando el promedio de edad de los visitantes bordea los 50 años.

Paralelamente, existe la preocupación conservacionista por el efecto que un número creciente de visitas pueda provocar a los a veces muy frágiles ecosistemas locales.

Uno de los lugares más visitados lo constituyen las islas Shetland del Sur. Durante la temporada de verano, al menos un par de barcos al mes se detienen en Bahía Fildes, en tránsito hacia aguas más australes. Una vez allí, deben haber establecido comunicación previa y convenio de colaboración con el Instituto Antártico Chileno para descender y visitar los lugares protegidos y de especial interés científico. Es en este aspecto cuando el turismo antártico se torna una actividad exigente y de alto nivel académico para satisfacer los intereses de conocimiento que solicitan los pasajeros.

La comodidad, lujo y abundancia de estos viajes, no lo es todo. El componente especial que hará la diferencia entre una oferta y otra será el turismo científico, una actividad que exige la especialización en un turismo centrado en el conocimiento y exposición académica de la historia natural de los seres vivos. No basta ahora con saber identificar y conocer el nombre científico del animalito, el turista antártico es un turista que busca aprender, que busca enriquecer su vida con la experiencia intelectual que le brinda un viaje de esta naturaleza y es por esto que es inquisitivo, tiene preguntas acerca de la historia y de los orígenes, inquietudes que van más allá del contexto inmediato del viaje de placer. Este turista sabe apreciar la diferencia entre contenido y entretención.

Dado el prodigioso incremento de esta actividad, algunos empresarios chilenos están apostando a entrar en esta competencia con los países del norte. Como chilenos, contamos con una logística más cercana, aunque esto no asegura el éxito de las operaciones que finalmente siempre dependen del factor humano. También tenemos la responsabilidad de tratar con sabio equilibrio y mesura nuestra intervención en lugares inexplorados, su fragilidad milenaria e historia arcaica es un legado que le pertenece a la humanidad entera y debemos preservarlo para las futuras generaciones. Sólo la adecuada cooperación y colaboración con los científicos permitirá tener: i) el respaldo académico para garantizar una atención al nivel de la exigencia de los turistas; ii) la supervigilancia, cuidado y protección de los ecosistemas antárticos y iii) la generación de contenido educativo a través de la investigación científica apoyada logísticamente por parte de las empresas turísticas emergentes.

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